Si fuera rubio y de ojos celestes...
05 marzo, 2004
Carta a Juan Castro, por Fernando Peña. Revista Veintitrés.
Desde que se accidentó Juan Castro, mi celular y el teléfono de mi casa no pararon de sonar, como si un millón de corderitos desprotegidos tuvieran que entender algo. Claro, yo también soy puto, me drogo, estoy en los medios y tomo alcohol. Ah, perdón, y lo último, también soy creativo.
Entonces una sociedad burguesa, ávida de respuestas fáciles, carente de un análisis profundo, individual y filósofico trató de buscar las respuestas en mí, como si las anteriores características hubieran hecho sonar una máquina tragamonedas en Las Vegas: ¡BINGO!. Tenemos al clon que no esta en coma y puede hablar.
La Argentina es una sociedad que, como sabemos, esta plagada de inmigración italiana y española, que tiene en la cabecera de su mesa los tallarines, el padre protector y la madre que compra ese yogurt con biopuritas para que los chicos vayan más sanos al colegio. Hay una necesidad continua de tener una gran madre y un gran padre que nos diga qué hacer y qué no: "acostarse tarde está mal", "el alcohol hace mal", "fumar hace mal", etcétera, etcétera. Esta sociedad que pide todo el tiempo libertad, se encarga de cortarle las piernas en todo momento; Juan Castro es lo que es por su totalidad; si no hubiera tomado cocaína, no habría sido JUAN CASTRO; si no hubiera ido al gimnasio, quizás tampoco. Necesitamos siempre poner al otro en el papel de hijo para reprimirlo y "educarlo". Muchas mujeres habrán querido que fuera el yerno perfecto y muchos homosexuales lo habrán considerado como a su próxima pareja,"lástima que...". Estoy un poco cansado de que no se tome a las personas en su totalidad, yo también padezco eso de: "Peña, qué buen actor, lástima que...". JUAN CASTRO es mayor de edad y sabe perfectamente bien lo que hace bien y lo que hace mal, pero sobre todas las cosas es JUAN CASTRO: temperamental, impulsivo, sanguíneo, valiente, y creativo, por eso los programas que ha hecho y la trayectoria que ha tenido.
Tratar de cambiar a la gente habla de la insatisfacción y de una inmadurez propia de esta sociedad que no sabe convivir y tolerar al otro cuan diferente son sus costumbres, vicios y hábitos. No lo dejaron vivir en paz; si va a estar en coma, déjenlo descansar en paz; si va a volver, déjenlo volver en paz; y si va a morir, déjenlo morir en paz.
Una vez, cuando tenía 15 años, la madre de una compañera mía del colegio hizo un comentario que me quedo grabado para toda la vida. Después de haberle presentado al novio (que era simpático, inteligente, entrador) al cerrar la puerta mi amiga le preguntó: "¿y, qué te pareció?", "es casi perfecto", dijo la madre,"lástima que no es rubio y de ojos celestes"... JUAN CASTRO es JUAN CASTRO y no un identikit en donde uno pone y saca características a piacere.
A ver si lo repetimos todos en voz alta, con todos sus defectos y sus virtudes, Juan Castro es Juan Castro, Juan Castro es Juan Castro, Juan Castro es Juan Castro. ¿NO QUEDÓ CLARO, NO?.
Autor: Fernando Peña.



