Prólogo de "Mugre".

11 abril, 2011


'No sé cómo hacerme querer'.


Sentado en las gradas del circo tuve la esperanza mugrosa de que el equilibrista caiga de la soga, de que el domador sea devorado por el león y de que el hombre bala perfore el techo de la carpa y vaya a parar al patio de la anciana con mas by pass del pueblo. Le pregunté a mamá como reaccionar en una tragedia así y dijo que la boca se me haga a un lado. En el circo las cosas malas no pasan, y si pasan es parte del circo, me explicó mamá, y llamó mugroso a mi pensamiento. Yo preferí llamarlo esperanza. Esperanza mugrosa. Un lindo nombre. Se lo dije a la gente, pero la gente malentendió todo y me llamó mugre. Como Mugre me podía ganar la vida y me presenté en la Carpa de los Morales y la llamé El Circo de las Adorables Criaturas. En la función una criatura dice que los humanos no nos toleramos y que compramos tarjetas Hallmark para decirnos que nos queremos. Otra criatura cuenta que es negro, que duerme en una villa y que duerme con pastillas a las minitas caretas que le piden que use forro para coger. El tercer número es de una criatura que no soportó este mundo y se inventó uno virtual en la PC que compró en un supermercado. ¡Cuidado! A veces se convierte en un asesino serial que escuchó a su madre cuando estaba embarazada de él. Llega un tierno travesti que hace cuatro años que no sale de su casa y que espera que un día suene el timbre y que un hombre la lleve al altar. Una ama de casa, licenciada en todo, madre, esposa, con la voz disfónica para siempre. Se llama Elisa Rufino y está apurada: corre, corre, corre y el día se hace corto. Una norteamericana devenida en quinielero que responde al mote de Jeringa y, desde sus botas altas y su pelo desprolijo, dice "mirá el estofado que tiene que haber en un país para que una turista se convierta en esto". No quiere acordarse de cuando era yanqui, pero se pega un pinchazo y algo recuerda. Hice que los recuerdos pasen rápido, no vivamos de ellos, no sé cómo hay que vivir. Para eso están las criaturas. Un puto tiene sida, es rosarino y su sueño es ser fashion. Tiene una guitarra chirriada y ladra "mi tarrito de crema", un tema autobriográfico. A esta altura me quiero bajar, pero la gente no sé cómo reaccionaría si las criaturas se fueran. Tengo dos viejitos sentimentales que siempre me salvan. El viejito advierte que las alegrías más chiquitas son las mas lindas y grita "¡Guay! Siempre habrá algún mal nacido que te las va a querer cagar". El viejito está solo y la viejita lo llama por teléfono y lo invita a comer. Horarios, vergüenza, no saber qué hacer, querer hacer dos cosas a la vez. Razones para quedarse solo un sábado a la noche, cuando la muerte está mas cerca que el domingo. Yo soy joven para hablar de la muerte y me voy corriendo al camarín. Morales me dice "Mugre, a saludar a la gente". Su hijo me encadena y un señor que no veo, dice por un micrófono que me pueden insultar, escupir, arrojar objetos. Yo no sé cómo va a reaccionar la gente, alguno subirá al escenario a rescatarme. Alguien con un disfraz de mono, a mi lado, me pega para que la gente se ría y la gente se ríe y me insulta, me escupe, me arroja objetos y se levanta para irse. Si encuentran algo en el suelo, me lo tiran. Cuando todos se van, la música se apaga y me sacan la cadena, estoy libre otra vez y Morales dice que después me paga. El mono me pregunta si tengo fuego. No, no tengo. El mono se ofende. No sé cómo hacerme querer. Pensé en ir por la vida de criatura en criatura. Pensé también en regalar tarjetas Hallmark.


Autor: Fernando Peña.